13/10/2015
Cada día son más los despachos españoles que ven en la internacionalización en territorios poco maduros una vía para ganar no sólo clientes, sino también una seña de identidad propia.
Poco más de seis horas separan el aeropuerto Adolfo Suárez -Barajas para los más nostálgicos- del aeródromo Santa Isabel, situado en Malabo, la capital de Guinea Ecuatorial. Para los pequeños bufetes, es tiempo más que suficiente para trazar su particular estrategia de internacionalización, muy diferente a la de las grandes firmas.
A los despachos españoles de menor tamaño también se les han quedado pequeñas nuestras fronteras. En los últimos años, se han sumado a la fiebreinternacionalizadora que han vivido todos los sectores. El Icex lo confirma: en 2014 aumentó un 11% el número de empresas exportadoras regulares, aquellas que han firmado operaciones internacionales durante cuatro años consecutivos. Y con ellas los despachos de abogados que ofrecen su apoyo en su aventura internacional.
Un mapamundi desplegado en la mesa de la sala de reuniones les ha hecho darse cuenta de que sus pasos no deben seguir a los ya dados por las grandes firmas. En Estados Unidos, Inglaterra o Alemania, los gigantes del derecho ya se han hecho con todo el pastel; unos mercados demasiado maduros en los que destacar.
Como cualquier otra empresa, han hecho estudios de mercado y han visto en qué zonas del globo el PIB se estaba comportando mejor que en el Viejo Continente. Conclusión: debían llamar a la puerta de los países con menos presencia en el panorama internacional, pero con atractivo para las empresas españolas.
Estos destinos más exóticos suelen ir acompañados de más riesgos legales, dada la particularidad de sus mercados o la complejidad de sus legislaciones. Por este motivo, el trabajo de un abogado se hace aún más importante cuando una empresa se plantea desembarcar en uno de ellos. Saber cómo revestir un proyecto de toda la seguridad jurídica necesaria para que triunfe o conocer en detalle los entresijos legales de un país con costumbres y normas muy diferentes a las españolas es, sin duda, una ventaja competitiva para los inversores, pero también el punto fuerte de los pequeños despachos que deciden especializarse en estos mercados nada maduros y llenos de retos.
Nuevos destinos, pero las mismas preocupaciones
Varios socios de pequeños despachos españoles explican a EXPANSIÓN los inconvenientes principales de trabajar en los destinos menos habituales:
- Los tiempos y la forma de trabajar son muy distintos a los del resto de Europa. Hay que conocer también la diferencia cultural para que los malentendidos no arruinen un proyecto.
- Los mercados emergentes son considerados como de proximidad porque sus empresarios no entienden los negocios sin que haya contacto habitual. El teléfono o los 'e-mails' son demasiado fríos.
- Es clave conocer muy bien los límites para no traspasarlos. En el mundo occidental las barreras están muy bien definidas, circunstancia que no siempre se repite en los países en vías de desarrollo.
- No sólo hay que especializarse en litigios internacionales, sino en los sectores en los que el país elegido sea puntero. Energía, inmobiliario o hidrocarburos son algunos de los más habituales.
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